De vez en cuando todos escuchamos, leemos o vemos una pieza informativa que nos da razones para hacer una pausa. Tal fue el caso hace unos días cuando leí un informe de Global Autism Network que decía que hay 70 millones de personas en todo el mundo en el espectro del autismo. Sabía que los números son más grandes de lo que comúnmente se informa, pero esta cantidad de personas con autismo es asombrosa. Aún más sorprendente es el hecho de que el 85% de las personas diagnosticadas con autismo viven en países en desarrollo. En teoría, esto significa que no se han descubierto millones de casos, ya que las herramientas de evaluación y evaluación no siempre están disponibles. Además, las creencias culturales y religiosas pueden servir como factores prohibidos para recibir informes precisos. Tendemos a pensar en el autismo en términos de mediciones generalmente asociadas con países desarrollados como informes médicos, evaluaciones terapéuticas, diagnósticos de IEP y grupos nacionales de interés especial. Sin embargo, en vista de esta pieza transformadora, nos vemos obligados a cambiar nuestro paradigma sobre el trastorno y el impacto de gran alcance sobre la humanidad.

Esto es particularmente preocupante ya que sigue existiendo un elemento de división asociado con el autismo. A medida que las familias de todo el mundo se ajustan a las demandas de cuidar a un ser querido autista, la lucha continua por la inclusión, el financiamiento para la investigación y el repudio de los estigmas sociales es el momento de lanzar una red aún más amplia. Expandir nuestros esfuerzos colectivos es de suma importancia ya que el número de niños y adultos en el espectro continúa aumentando. Además, debemos expandir nuestro pensamiento sobre el autismo para incluir a los millones de adultos en el espectro y no relegarlo como un trastorno infantil. El problema de centrarse exclusivamente en los niños es que descartamos la magnificencia de talentos únicos que a menudo no se diagnostican hasta la edad adulta. El proceso de maduración continúa durante toda la vida, lo que hace que sea aún más importante destacar los años adultos de aquellos en el espectro. La presión adicional que se ejerce sobre las familias suele ser mal entendida por algunos miembros de la sociedad en general, ya que luchan para ayudar a la magnitud del problema. Debemos compartir ideas y tecnología dentro de la comunidad global para avanzar en las vidas de una gran cantidad de personas que carecen de acceso y recursos.

Es perjudicial marginar a grandes grupos de personas por períodos prolongados de tiempo. Los números absolutos abren un nuevo reino de posibilidades para talentos excepcionales que pueden pasar desapercibidos, mucho menos cultivados. La interdependencia creada como resultado de la globalización se hará más pronunciada con el tiempo. La mayoría de los países en desarrollo tienen poblaciones jóvenes confiables, lo que hace que el momento de su maduración sea crítico a medida que otras naciones envejecen rápidamente. El mundo aumentará su dependencia de la innovación y la energía de estos jóvenes países en desarrollo. La tecnología cerrará la brecha en términos de productividad y mejora el nivel de vida de millones de personas. Además, a medida que estos países logran la estabilidad financiera, el grado de influencia política que aportan al proceso de negociaciones se vuelve mucho más significativo. No podemos subestimar el poder y la belleza de construir relaciones sólidas que darán dividendos en el futuro. La pregunta obvia es: “¿Qué tiene esto que ver con el autismo?” Dicho de manera simple, todo, ya que las semillas que se siembran hoy bien podrían completar el ciclo de nuestra vida y servir de catalizador para enriquecer a las generaciones futuras.

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