Como una comezón en una caverna se abre paso dentro, sin poder encontrarla y mucho menos rascarse, la ansiedad que enfrenté por una corta temporada nunca se fue. Una constante sensación de vigilancia, un roer de la mente, un aneurisma a punto de explotar pero que nunca lo hace. Ansiedad.

Hay una ansiedad que interrumpe la dinámica social, una que hace que las relaciones sean incómodas. Ese no es el tipo de ansiedad a la vista aquí. Lo que se ve aquí es el tipo de conciencia que llevamos con nosotros; aquello que desearíamos poder colocar en un contenedor de basura.

Es un odio, un flagelo, una brutalización de nuestra mente, un temor, una pesadez que hace que vivir la realidad sea algo demasiado real.

Durante las estaciones de cambio, de desafío y de prueba de carácter, hay un despertar de nuestra conciencia, como si el material normalmente se ocultara del pensamiento consciente que brota del subconsciente.

Nosotros somos siempre conscientes de la adversidad, y el despertar es la prueba; para aquellos que pueden dormir, preferimos la inconsciencia.

Vivir una realidad que es demasiado real es un desafío serio para la vida consciente. Y aún así, es un desafío tratar de superar. E incluso si no se puede superar, indagarlo para obtener más información sobre su origen y mejora nunca es una pérdida de tiempo.

I he encontrado que la oración ayuda. Tomar momentos para apartarse del pensamiento consciente no es simplemente un alivio, sino que crea la creencia de que podemos cambiar el énfasis mental y sentirnos menos obstinados. Pero apartarse del pensamiento consciente, entregar el pensamiento por la nada mental, es una disciplina. Dios habla, ayuda y cura en esos lugares donde no hay nada.

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