5 signos que revelan un problema psicológico en personas mayores

Es por eso que las personas en el entorno de los ancianos deben haber alertado sobre cualquier síntoma que pueda traicionar un problema psicológico de este tipo. Algunos de los signos que pueden indicar que el mayor está pasando por una mala situación y necesita la ayuda de un psicólogo son:

Falta de higiene: cuando una persona deja de cuidarse a sí misma, siempre que no tenga limitaciones físicas, es un signo de apatía y posible proceso de depresión.

Cansancio inusual, extremo y prolongado: es uno de los síntomas más comunes de la depresión, así como los dolores de cabeza y musculares habituales.

Falta de interés y apatía: cuando una persona muestra poco interés en lo que antes era apasionado y no tiene nuevas aficiones, es posible que esté pasando por un proceso deprimido.

Desequilibrios de tiempo: aunque la somnolencia puede surgir por muchas razones, una de ellas es el insomnio nocturno derivado de un proceso de ansiedad.

Cambios de peso: ya sea ​​que la persona haya ganado mucho peso o si lo pierde en poco tiempo, puede indicar que está atravesando un mal momento emocional.

Cómo animar a los ancianos a ver a un psicólogo.

Una de las grandes barreras que separan al adulto mayor del psicólogo es el estigma creado en torno a este profesional de la salud que muchos piensan que solo sirve a los locos. Un mito aún arraigado en muchos sectores de nuestra sociedad, e incluso más entre los ancianos.

Todavía hay mucho rechazo a la hora de ir a la oficina del psiquiatra porque se asume como un signo de debilidad; Hay muchos casos, especialmente entre hombres mayores, que prefieren pasarlo mal y ocultarlo, que reconocer que tienen un problema y necesitan ayuda.

Lo peor de esta situación es que una asistencia psicológica en muy pocos casos resulta en “curar sin medicamentos”. Por el contrario, empeora y puede convertirse en una enfermedad crónica que necesita ser tratada con medicamentos.

Por lo tanto, cuando un miembro de la familia, un amigo o un cuidador es consciente de que la persona mayor necesita terapia psicológica, pero es el receptor para dar el paso, se le puede animar y ayudar a contactar a un psicólogo de diferentes maneras:

  • Hágale ver que el psicólogo es un profesional de la salud al igual que el dentista, el fisioterapeuta o una enfermera, y lo único que hará es ayudarlo a mejorar su salud, y no evaluar o juzgar su situación.
  • A pesar de que la terapia se realizará por sí mismo, se le puede acomodar en la primera cita para hablar con el profesional y contarle su caso. Dar el primer paso con una persona de confianza le brinda seguridad y tranquilidad.
  • Es importante borrar de su mente la idea de que el psiquiatra solo atiende a pacientes con problemas psicológicos graves. Para ello, puede dar ejemplos de personas de su entorno, de cualquier edad, que hayan visto la necesidad de ir a resolver un problema, no necesariamente en serio y obtener grandes resultados. Si sabe que alguien puede necesitar terapia, será más fácil para usted absorber que él o ella también la necesiten.
  • Si está en su entorno; hay una persona que ha acudido a un psicólogo, se le puede pedir que hable con él o incluso la persona que las empresas tienen en la primera cita para reunirse con el profesional. Le resultará más fácil acudir a uno que muestre confianza porque ha ayudado a alguien cercano a usted que a pedir una cita con un extraño.
  • En el caso de que el mayor deba acudir al psicólogo como resultado de padecer una enfermedad, puede acudir previamente a una asociación de pacientes con dicha patología. Allí, además de poder facilitar el contacto con un psicólogo, puede conocer a otras personas que se encuentran en su situación y que se han beneficiado de la terapia psicológica.
  • El mismo caso se puede aplicar a los cuidadores o familiares de una persona enferma que pueda necesitar descanso, alivio o consejo psicológico, ya que a menudo ponen el cuidado del paciente antes de su cargo en lugar de su propia incomodidad.

En todos estos casos, y conociendo al miembro de la familia o persona afectada por este tipo de señales de advertencia, la idea es tratar de acercarse a él, hablar con franqueza y afecto y ofrecerle su apoyo.

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